martes, 30 de mayo de 2017

Filosofía para Adolescentes

Por: Diego Felipe Aparicio González *


Puede que muchos de los estudiantes de décimo y once estén hartos de ese profesor de filosofía y sus preguntas existenciales, de su constante cuestionamiento de dios y sus debates sobre el ateísmo, pero la filosofía va mucho más lejos que eso. ¡Muchachos, la filosofía no es aburrida!
Para hablar de esta, primero debemos tener claro qué es. “La filosofía es el estudio de una variedad de problemas fundamentales acerca de cuestiones como la existencia, el conocimiento, la verdad y la moral”… Pero como se mencionó anteriormente, la filosofía siempre va mucho más allá. Esta influye de gran manera en la vida de los adolescentes, más específicamente en su forma de pensar y de ver las cosas que los rodean.
Los seres humanos hacemos uso de la filosofía, inconscientemente, en gran parte de nuestra vida. Cuando nos asombramos por algún acontecimiento estamos (instintivamente) filosofando. “el asombro es el origen de la filosofía” exponía Aristóteles en su metafísica.
Queramos o no la filosofía siempre estará presente en nuestra vida, sin embargo debería presentarse con más intensidad en la adolescencia ¿Por qué? Porque de esta etapa depende el futuro de las personas. Como los estudios psicológicos lo demuestran la adolescencia es la etapa de mayor susceptibilidad a problemas sociales como las drogas, el alcohol o a tendencias de pensamientos banales y superficiales que conllevan a un desperdicio de potencial o de todo lo que esta nueva generación tiene por ofrecer al  futuro del país.
Aplicando la filosofía, los adolescentes adoptarían un pensamiento más crítico, al adoptarlo serían más maduros, más conscientes y más capaces de tomar decisiones que traerán consigo resultados positivos para todos los aspectos de sus vidas.
¿Cómo obtener la filosofía? Como gran parte del conocimiento se obtiene, leyendo. Leer  alimenta nuestro cerebro, esto quiere decir que trae consigo innumerables beneficios para los que lo hacen y si leemos desde jóvenes, al llegar a la adultez contaremos con un gran número de conceptos y conocimiento.

“Los libros que lees de joven, te acompañan por el resto de la vida”-J.K. Rowling.
* Estudiante de décimo grado de la Escuela Normal de Piedecuesta

domingo, 7 de mayo de 2017

Adolescentes con baja autoestima son más adictos al celular

Por: AGENCIA SINC

Una investigación española concluyó que rasgos como una baja autoestima, así como escasos niveles de responsabilidad y estabilidad emocional predisponen a los adolescentes a padecer una dependencia de los smartphones. 



El rápido desarrollo que ha experimentado la tecnología en los últimos años ha hecho variar los hábitos de las personas, especialmente en cuanto al uso de los teléfonos inteligentes. Algunos estudios muestran cómo en países como Estados Unidos, un 92% de los adolescentes se conectan al móvil cada día, y un 24% de estos dicen que están en línea casi de forma constante. 
De hecho, el número de móviles ha superado por primera vez la población mundial, y España se ha colocado como líder en Europa en el mercado de smartphones.
En este contexto, los investigadores Joan Boada, Lídia Argumosa y Andreu Vigil, del grupo del departamento de Psicología de la Universidad Rovira i Virgili (URV), han llevado a cabo un estudio entre alumnos de bachillerato y universitarios que indica que existen variables de la personalidad que predisponen a padecer adicción a los smartphones. Los investigadores realizaron encuestas de evaluación a 250 estudiantes
Rasgos fundamentales
El trabajo, el primero que se lleva a cabo en población latina y de habla castellana, muestra que hay cuatro rasgos fundamentales para que aparezca esta adicción: el que más destaca por encima de todos es la baja autoestima, seguido de un grado elevado extraversión , y poco nivel de responsabilidad y de estabilidad emocional.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores realizaron encuestas de evaluación a cerca de 250 estudiantes, que incluían un test de autoestima y otro de personalidad. Estas características de la personalidad, además, tienen carácter acumulativo, por lo que personas con baja autoestima y poca estabilidad emocional tendrán más predisposición a padecer esta adicción que otras que sean extrovertidas, por ejemplo.
Una vez evaluados a los estudiantes, ahora los investigadores quieren ampliar la investigación sobre esta adicción al ámbito laboral. 

Fuente: El Espectador 

martes, 18 de abril de 2017

La religión hace esclavos felices

Por: Jorge Gómez Pinilla


La compasión es un sentimiento que practican los cristianos y los budistas, con una diferencia: los primeros la practican para alcanzar el cielo, los segundos como norma de vida. La compasión podría entenderse también como sinónimo de amor al prójimo, y es lo que siente un agnóstico sensible al ser testigo del grado de esclavitud mental inherente al pensamiento religioso.
Las primeras esclavizadas fueron las mujeres, desde el día en que a algún israelita con alto poder de convicción, aburrido quizás de la dificultad que se presentaba para tratar con las caprichosas féminas de la tribu, se le ocurrió la brillante idea de meterles culpa teológica y se inventó la fábula de una pareja compuesta por Adán y Eva a la que Dios había puesto sobre el paraíso terrenal para que fueran felices y comieran perdices. Pero la compañera del obediente hombre no había resistido la tentación de comerse la manzana prohibida que le acercó una serpiente, y desde ese día una y otra —hembra y serpiente— quedaron emparentadas.
Lo trágico del asunto es que por algo tan insignificante como la satisfacción de un nimio antojo femenino (algo que Dios habría podido resolver con una amonestación o una simple nalgada, qué sé yo), se armó un zaperoco de padre y señor mío y quedamos todos atados por el cuello a la noria de la culpa. Sobre todo las mujeres, a quienes por cuenta de ese desliz se les decretó “sumisión y obediencia al varón”, según el mandato divino consignado en el Antiguo Testamento.
Desde esos días nefastos para la humanidad asumimos a Dios como un ser que gobierna nuestras vidas, toda una autoridad sacramental a la que después de muertos tendremos que ir a rendirle cuentas para que él en su magnánima sabiduría decida si nos manda a arder en las llamas del infierno o nos invita a compartir su beatífico reino…
En este contexto, el gancho que agarra a católicos, evangélicos y cristianos con Jesucristo reside en que "Él murió por nuestros pecados". Lo asumen como verdad incuestionable, y cuidadito si usted la pone en duda, porque les estaría faltando al respeto. Están sumergidos en el pantano de una culpa heredada de generación en generación, como algo congénito, y eso —dicen— es algo que hay que respetarles. Visto el asunto con ojos analíticos, ahí se aprecia una especie de chantaje: naciste pecador, pero Cristo te redimió con su muerte. Y lo peor del asunto es que “sin Cristo no te salvas”. Suena abominable. ¿Cómo así que nací pecador? ¿De cuándo acá debo yo cargar con culpas ajenas por el solo hecho de haber nacido? Ahora bien, si se dice que él murió para salvarnos del pecado, ¿cuál es el rollo? ¿No significa eso que se acabó la película de la culpa por el pecado original? ¿O fue que quedaron algunos intereses pendientes de la deuda contraída en el paraíso…?
Estas reflexiones vienen de una publicación que hice en mi muro de Facebook el pasado Viernes Santo, a raíz de una imagen donde el canal TRO anunciaba el cubrimiento de la Procesión Infantil de Pamplona con una imagen de una niña cargando en sus brazos al Jesucristo crucificado sobre una cruz de madera, y detrás se ve a otras dos niñas vestidas de monjas. Publiqué la foto, acompañada de este texto: “Además del bautizo en estado de indefensión, esto debería ser considerado como abuso infantil: los encarrillan en una religión cuando aún no tienen criterios para definir sus creencias por cuenta propia. En lugar de que los pongan a cargar la imagen de un hombre sometido a salvajes padecimientos, deberían estar jugando”. (Ver foto).
Pues quién dijo miedo, un católico al que conozco y aprecio se lanzó en imprecaciones diciendo que yo debería ser declarado persona non grata del mismo pueblo donde ambos vivimos, y que no era digno de haber sido recibido en la casa de una mujer (también católica ella) cuyo hijo me brindó hospedaje durante los días aciagos en que yo era objeto de una persecución de la que ahora no quiero acordarme. Esto me sirvió de lección, de todos modos: pude apreciar que alguien cercano se sentía agraviado en lo más íntimo de su ser, y fue cuando decidí ‘respetar’ ese día santo para los católicos y silenciar mi publicación.
Por simple coincidencia, el Sábado Santo apareció entre mis recuerdos algo que había publicado tres años atrás en Semana.com: una columna donde manifestaba mi asombro ante el hallazgo de lo que a todas luces parecía ser —y sigue pareciendo— la tumba perdida de Jesucristo, y remataba con esto: “¿Qué podría ocurrir en el mundo católico occidental si hechas las comprobaciones de rigor resultara que esa tumba contuvo en efecto los restos de Jesús de Nazaret y su familia? Elemental, mi querido Watson: habría que comenzar por reescribir la Historia”. (Ver columna).
La respuesta de otro ofendido hasta los tuétanos dice así: “Cuando tú te mueras (…) estoy seguro que nadie te llorará pues con un carácter tan vinagre como el tuyo, solo alegría y entusiasmo despertará tu partida sin regreso. Si queman tus restos, solo serán ceniza negra como tu alma (si es que la conservas). Si te entierran, estarás tan podrido y maloliente como ahora, cuando pretendes quitarle su divinidad a Nuestro Señor Jesucristo y dejarlo reducido a su condición humana”. (Ver anatema).
Ahí observé que estaba frente a alguien inteligente y culto, pero arrebatado por un sentimiento de ira que se anidó en su alma, producto de la lectura de mi columna. Comprendí su dolor y alabé la calidad literaria de su diatriba, y por eso la conservo en mi egoteca. Hay personas que no están en condiciones mentales de prestar oído a argumentos demoledores desde el lado de la razón, porque si se convencieran de que han vivido atadas a un engaño se les vendría abajo la estantería de la Fe que les brinda seguridad espiritual, emocional y psicológica a sus vidas. Apenas comprensible entonces una reacción como esa, la de quien no encuentra salida diferente a la de desear la muerte. Ese hombre, entonces, me despertó compasión cristiana.
Jesucristo fue un gran hombre, con un valioso mensaje centrado en la caridad, pero aquí tiene cabida lo que una vez le dijo Mahatma Gandhi a un inglés que lo visitó: "Me gusta el Cristo de ustedes, pero no me gustan los cristianos. No se parecen en nada a Cristo". O como dijo Napoleón Bonaparte: la religión es lo que evita que los pobres asesinen a los ricos.
Fuente: El Espectador

sábado, 11 de marzo de 2017

La ciencia de comer cuento

Nueva evidencia científica explica por qué la gente cree en historias que a todas luces son falsas. El problema radicaría en la débil mente humana.

Mentir es innato en los seres humanos. Y se trata de un juego entre dos pues para que una mentira tenga éxito se requiere que alguien la crea. Como sucedió cuando un neoyorquino llamado David Golberg dijo desde su cuenta en Twitter que Bill y Hillary Clinton tenían una red de prostitución infantil en una pizzería de la capital de Washington. Muchos hicieron caso omiso de la información, pero Edgar Maddison Welch, un hombre de 28 años de Carolina del Norte, creyó el cuento y se dirigió al lugar con su rifle semiautomático para investigar él mismo la situación.
Tras disparar un par de tiros el individuo quedó preso. Este episodio y muchos otros en los que mentiras flagrantes hicieron carrera y determinaron no solo el destino de individuos sino de países fueron objeto de profundo análisis político. Pero recientemente el tema ha pasado a la arena de la psicología donde expertos buscan descifrar por qué la gente cree en información o historias obviamente falsas.

Lo más fácil sería calificarlos de ignorantes, pero los expertos indican que la respuesta es más complicada de lo que parece. Una teoría señala que el ser humano cree en mentiras para tener control. Y mientras menos tenga más tratará de “recuperarlo haciendo gimnasia mental”, dice Adam Galinsky, profesor de Kellog School of Management de la Universidad Northwestern. Pese a que esas ideas equivocadas los lleven por mal camino, Galisnky cree que en la mayoría de casos satisfacen una necesidad psicológica. Para demostrarlo, él y Jennifer Whitson, de la Universidad de Texas, hicieron un experimento que consistió en mostrar a un grupo de participantes dos tipos de imágenes, unas con puntos indefinidos y otras con dibujos claros.

Resultó que 43 por ciento de quienes manifestaron no estar en control vieron imágenes donde solo habían puntos. “Sus mentes asignaron sentido a algo que no lo tenía”, dicen los investigadores. En la vida real la gente también ve patrones frente a situaciones en las que se sienten vulnerables.
Según el historiador Michael Shermer, el ser humano está más predispuesto a creer que a desconfiar porque ello le da más seguridad. La gente cree en supersticiones y en teorías de la conspiración pues así los hechos fortuitos cobran sentido. Shermer, autor del libro The Believing Brain, señala que la aceptación de noticias falsas como verdaderas está íntimamente ligada a la disonancia cognitiva, una teoría que explica la tensión para que exista armonía en la mente entre las creencias y valores de un individuo. Muchos resuelven las disonancias aceptando la mentira como verdad.

Leer completo: Semana 

lunes, 12 de diciembre de 2016

Coscorrón de Vargas Lleras

El viernes pasado un video de Germán Vargas Lleras se volvió viral. En este el vicepresidente iba caminando junto una gran multitud que lo acompañaba. En un momento dado, una señora intenta acercarse a él para saludarlo muy efusivamente, pero su escolta se mete en el camino y aparentemente pisa a su jefe. La reacción del vice fue inesperada: le dio un coscorrón...

Vargas Lleras asumió la culpa casi de inmediato. “Quiero presentar mis públicas disculpas, como ya se lo había hecho en privado al agente Ahumada, por un incidente que tuvo lugar hace dos días en Ciénaga de Oro (Córdoba). Buscar un justo equilibrio entre la seguridad y el respeto por la ciudadanía no es incompatible”, sostuvo. 


“Acéptemelas. Son muy sentidas. No es poco el tiempo que llevamos juntos. Yo reconozco que la tarea de ustedes es vigilar y cuidar de mi seguridad”, le dijo en medio de algunos aplausos. Agregó que el incidente que “no debió haber ocurrido” se produjo porque la gente acude a ese tipo de manifestaciones públicas con un gran afecto y que los esquemas de seguridad deben ser más respetuosos con la ciudadanía.
“Claro que acepto sus disculpas, señor vicepresidente. Trabajaremos para tener más cuidado con la ciudadanía”, le dijo el intendente Gabriel Ahumada a su jefe el pasado viernes. El agente de la Policía lleva seis años al lado de Vargas.
Fuente: Semana.com, 12/25/2016 1:24:00 PM


martes, 2 de agosto de 2016

Carta a la estudiante que increpó a Santos en la Universidad Nacional

Por * Julián De Zubiría Samper 

2/8/2016

Sara Abril movió las redes sociales cuando se enfrentó verbalmente al presidente. El director del colegio del que se graduó la invitó a promover un debate más argumentado y respetuoso frente a las diferencias ideológicas.


Querida Sara:
La semana pasada fuiste noticia de primera plana en los medios y tendencia en las redes sociales. El presidente Juan Manuel Santos y la Ministra de Educación, Gina Parody, estuvieron presentes en la Universidad Nacional y tú, en calidad de representante estudiantil ante el Consejo Superior, tuviste la oportunidad de hablar 4 minutos, los cuales mágicamente se han convertido en millones por el efecto multiplicador de las redes, la prensa y la televisión.
Siempre te hemos recordado como una mujer reflexiva, autónoma, solidaria y combativa, aunque algo menos flexible de lo que demanda el mundo actual. Fui tu profesor de la asignatura de “Pensamiento argumentativo” y guardo en la memoria tus profundos análisis y tu capacidad para interpretar y transferir ideas a nuevos contextos.
El día de tu grado en el Merani, en el 2008, me agradeciste por ayudarte a ver tus errores y por hacerte entender la prioridad de seguir luchando siempre para ser una mejor persona. Como buena parte de los educadores colombianos, no renuncio a mi misión, e intentaré seguir orientándote, a pesar de que ya llevas ocho años fuera del colegio.
La pregunta a la que te enfrentaste ese día fue en extremo compleja: ¿Qué decirle al Presidente de la República, si te dan la oportunidad de hablar con él durante 4 minutos? (¿Qué le diría usted lector, si tuviera la misma oportunidad que tuvo nuestra egresada?)
Te felicito por tu independencia de criterio y por indagar siempre por la raíz de los graves problemas que nos aquejan. Valoro tu sensibilidad y tu compromiso con los otros. Sin embargo, veo que no tuviste en cuenta dos cosas claves en cualquier argumentación, las cuales, aunque las trabajamos en clase, es posible que las hayas olvidado. Y quiero aprovechar esta ocasión para volver a insistir en ellas.
La primera fue el descalificar al adversario en el debate y no sus ideas. Discutir contra la persona y no contra sus argumentos se conoce en la lógica como falacia ad hominem y se presenta cuando no nos referimos a las ideas de nuestro interlocutor, sino a la persona o lo que él representa. Tú tenías la obligación de responder la pregunta que te hacía el Presidente de la República: ¿Estás de acuerdo o no con el proceso de paz en curso? Sin embargo, evadiste la pregunta. Puedes discrepar de sus políticas y enfoques o proponer otros caminos; pero, en cualquier caso, estabas obligada a responderle. De eso se trata un debate argumentado. Y no lo hiciste.
El segundo error que cometiste fue argumentar múltiples ideas de manera simultánea. En tu calidad de líder estudiantil, no has debido abordar en 4 minutos temas tan diversos como el TLC, la venta de Isagén, el salario mínimo o el paro agrario. Te equivocaste, ya que dejaste de enfatizar lo esencial: un país democrático necesita defender su educación pública para que todos tengan las mismas oportunidades y se valore el esfuerzo y el trabajo, independientemente de las condiciones socioeconómicas de origen. Sin educación pública robusta, las desigualdades sociales se multiplican en lugar de disminuir.
El país tiene que seguir avanzando en la gratuidad de su educación superior, como hicieron de tiempo atrás los países europeos y como están haciendo recientemente países como Ecuador y Chile. Este último aspira lograr para el 2016 que el 50% de sus estudiantes de estrato 1 y 2 ingresen a la Universidad. Por el contrario, en Colombia, el programa Ser pilo paga para el año 2019 apenas alcanzará a becar al 2% de los estudiantes graduados de la educación media, con el agravante de que, al hacerlo, dejará a las universidades públicas sin sus mejores estudiantes y sin dinero.
Al igual que tú, soy egresado de la Nacional y también estoy convencido de que, pese a la asfixia a la que la han sometido, es la mejor universidad del país. Lamento –como millones de colombianos– que no llegue a más regiones, que se limite el derecho a la educación al no garantizar almuerzo y transporte a quienes lo necesitan, que mantenga por décadas congelados sus cupos y carreras o que, en un acto macondiano, se haya caído hasta el edificio sede de arquitectura en Bogotá.
El país necesita debate de ideas y la democracia exige que florezcan múltiples interpretaciones. Sin embargo, discrepo de las felicitaciones que te envió el senador Jorge Robledo. No es conveniente debatir 5 ideas al mismo tiempo ya que se pierde rigor y jerarquización. No fue un acto de patriotismo –como él señaló–, sino de populismo. Al país le conviene una izquierda reflexiva, creativa y propositiva y le ha hecho daño un discurso dogmático, sectario, inflexible y descontextualizado, de ambos lados. No heredemos los males pasados, sino la esperanza que estamos por construir. Te invito a aportar en esta tarea, aprovechando el liderazgo que tienes.
La Universidad Nacional tiene que ser un lugar para debatir ideas de manera razonada, jerárquica y argumentada. El abucheo es la expresión de la intolerancia que ha ahogado la democracia colombiana y el recurso al que recurren quienes no logran estructurar sus argumentos.
Sigue defendiendo tus ideas, pero garantizando siempre el respeto a las del oponente y la jerarquización de las tuyas. El actual proceso de paz nos invita a construir un país más tolerante, diverso y reflexivo, y para ello necesitamos una universidad pública vigorosa que aporte soluciones a los viejos problemas y argumentos a las nuevas preguntas. Ésa es la idea que te propuso el Presidente. Hoy la retomo y te invito a pensarla y discutirla con los estudiantes universitarios que representas. A propósito, ¿estás de acuerdo en que el sacrificio que estaremos pagando los colombianos al firmar los acuerdos de paz es ínfimo al lado de los miles de beneficios que nos dará aprehender a resolver los problemas con ideas y argumentos y no a los tiros y las agresiones, como nos lo impuso una “cultura del atajo” que tanto daño le ha hecho a la estructura valorativa en nuestro país?
Me despido con profundo cariño. Se me acabaron mis 4 minutos.
*Fundador y director del Instituto Alberto Merani. También es consultor de Naciones Unidas en educación para Colombia.

Fuente: Semana.com 

jueves, 19 de mayo de 2016

Trabajar con propósito

 | 2016/05/19

¿Para qué estamos hechos? ¿Cuál es nuestro papel en esta historia? ¿Qué sentido tiene esta vida que llevamos? 

Este mes tuve la oportunidad de participar en el foro de Empresas Conscientes organizado por Executive Forums de Colombia. Debo confesar que fue sorprendente encontrar más de cien importantes empresarios del país interesados en hacer negocios con consciencia social, todos muy atentos a escuchar sobre aquellos emprendimientos que generan condiciones más dignas para todos. Lo sorprendente y esperanzador fue encontrar dirigentes con estas preocupaciones en un país como Colombia en donde la desigualdad social, según el coeficiente de Gini, lo ubica en uno de los 5 países más desiguales del planeta, con cerca de 4 millones de desplazados por la violencia, con una de cada cinco personas del campo viviendo en situación de extrema pobreza, y en general, con cerca de 15 millones de personas por debajo de la línea de pobreza. Me impactó escuchar a Samuel Azout mostrando cómo los activos de las tres personas más ricas del planeta exceden el Producto Interno Bruto anual de la sumatoria de los 48 países menos ricos del mundo. Tal vez las críticas de Noam Chomsky sobre la concentración de la riqueza tengan razón: hay algo que obviamente no está funcionando bien.
Las palabras del premio Nobel Muhammad Yunus son inspiradoras: “Mi sueño es que nuestros nietos tengan que ir a un museo para ver cómo era la pobreza extrema”. Tal vez suene utópico pensar que esto sea posible, pero aquí lo loco no es tener un sueño de estas dimensiones, lo realmente demente es cuánta indiferencia podemos soportar.
Escuchar al alcalde de Cali Maurice Armitage, hablar de la importancia de repartir una parte de las utilidades de las empresas con los empleados, suena un poco extraño en un foro empresarial, pues se supone que el crecimiento económico es una condición para la superación de la pobreza; sin embargo, la realidad es otra, pues al parecer no existe una relación evidente que muestre que esto es suficiente por sí mismo para lograrlo. Si un rico se gana cincuenta mil millones de utilidades al año, estoy seguro de que si se gasta diez mil millones en sus empleados y en hacer el mundo mejor, no se va a empobrecer, ni comerá menos sabroso, pero si moverá el mercado, aumentará el nivel adquisitivo de las personas y la economía se dinamizará. Al parecer, muchos empresarios se quejan con sus empleados cuando las cosas van mal, hablan de cuánto vienen perdiendo y del dinero que están dejando de recibir; sin embargo, cuando les va bien y tienen grandes utilidades, ¿Hablarán con sus empleados con la misma vehemencia, contándoles cuanto se ganaron?
Ahora bien, no creo que se deba ser rico para hacer negocios conscientes; se puede ser un profesional consciente y con propósito, para quien la riqueza sea tan solo un efecto colateral de un fin más noble; un trabajador con sentido de vida, para quien la prosperidad brota de manera espontánea como efecto de alcanzar un fin y no como el fin en sí mismo; un servidor público o un gobernante que use el poder como medio para alcanzar un fin mayor conectado con la vida y no con un simple interés personal.
Tal vez debemos frenar por momentos y preguntarnos ¿Para qué estamos hechos? ¿Cuál es nuestro papel en esta historia? ¿Qué sentido tiene esta vida que llevamos? Sin embargo, parar la vida no basta, pues pronto es fácil distraerse y seguir enloquecido por tener más. Sólo el verdadero compromiso nos hace parte de la solución; no podemos seguir siendo espectadores ni polizontes de la nave llamada Colombia, pues si quejarse de lo malo del país y hablar mal de los que no hacen lo que deben hacer, cambiara las cosas, tal vez ya seríamos una potencia económica mundial. El compromiso social no se declama, lo único que funciona es la acción sostenida libre de asistencialismo. Hacer negocios no se trata de hacer dinero, pues la riqueza es tan solo un efecto colateral. Hacer empresa, prestar servicios profesionales, vender un producto o cualquier acto de trabajo, debe dotar el día a día de sentido y debe conectarnos con los otros, lo demás no vale mucho, pues al final de la vida, el éxito no puede medirse por el dinero que dejamos, ni por los aplausos recibidos, sino por cuánto nos amaron los que nos aman, qué tan solos o acompañados llegamos a la vejez, de que valió nuestra vida o que tan mejores seres humanos se hicieron todos aquellos que tuvieron que ver con nosotros.
info@efrenmartinezortiz.com
Fuente: Semana.com 

No puedo creer que tú no creas

  20 feb 2021  Por: Roberto Palacio * La estructura de sentido del creyente hace que a este le cueste trabajo entender cómo otro ha organiza...